Gokú es mi papá.
Dragon Ball, la posguerra y los niños globalizados.
No es necesario que les introduzca Dragon Ball o Dragon Ball Z. Todos intentamos hacer un kamehameha en algún punto de nuestras vidas.
De hecho, hay quienes dicen que su éxito se debe justamente a que la nostalgia obstaculiza la crítica posible.
Por el contrario, yo opino que es su herramienta más interesante. Gracias a ella, su narrativa se inscribe en nociones orientales tan fundamentales que su éxito era inevitable.
Si bien hay otros rasgos interesantísimos por analizar, como el factor musical que fue uno de los ingredientes de su éxito (y razón por la cual no triunfó las primeras veces que vino a Occidente), o cómo Trunks está basado en Leonardo DiCaprio, me voy a concentrar especialmente en los rasgos que lo vuelven un show particularmente similar a la generación japonesa que creció en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial.
Otro momento será para analizar la serie en todo su esplendor.
Asados y anécdotas
Los japoneses que viven en Argentina cada tanto se juntan a hacer un asado con los que emigraron del mismo pueblo. Es frecuente escucharlos hablar de anécdotas de su infancia — y no tan infancia — que son, en esencia, dragonbolezcas.
Uno de los amigos de mi papá me contó que mi viejo los tenía que llevar a no sé qué reunión y estaban llegando tarde pero frenó al costado de la ruta y se tiró a dormir una siesta porque estaba cansado y no quería chocar. Ahí sí que no llegaban más a su no sé qué reunión.
Otro me dijo que, cuando eran chicos, el pueblo entero se puso a buscar a mi viejo, que no aparecía por ningún lado, y al final estaba durmiendo la siesta abajo de un kotatsu.
Las anécdotas no tenían fin, no pude evitar notar que todas estaban fundadas en la humildad, la honestidad y una visión simple que de no haber sido así habría terminado en miseria.
Sin darme cuenta, llegaron al ingrediente que faltaba para que todo tuviera sabor a Dragon Ball: Las artes marciales.
En el colegio todos entrenaban. Era baratísimo, no necesitabas ni pelota, fortalecía el cuerpo, el espíritu y encima aprendías a defenderte.
Cuando llegaron a la Argentina, para joder, se quisieron anotar en un torneo a ver qué pasaba. Imaginensé, un grupo de pibes, entrenados en la repetición de la carencia en escuelas militares de un Okinawa hecho mierda.
Lejos de romantizar la pobreza, cabe señalar que, para mi viejo y sus amigos, ante la falta de variedad de cosas prefirieron repetir lo poco que sí podían hacer.
— ¿Cinturón? ¿Qué cinturón son?—
— De cuero. ¿Qué sé yo? Nosotros aprendimos en el colegio— le contestó uno de los amigos de mi viejo al de la inscripción del torneo.
Los pusieron en la categoría de cinturón blanco. El más bajo.
El primer contrincante, al piso. El segundo, al piso. El tercero, también. En tres horas y media eran todos cinturón negro.
Estaba en un asado con los personajes de Dragon Ball Z.
La resignificación de los hábitos
Son Gokú está inherentemente interesado en tres cosas: La superación personal, lo correcto y la comida. Pero estos elementos se pueden resumir en uno sólo, la superación personal.
Gokú come como una bestia. Una de las cosas más memorables de la serie es la pila enorme de platos gigantes que hay en las mesas. Esto está ligado directamente a la concepción de vitalidad que hay en Oriente. Para Kawabata, los personajes extrovertidos y vitales necesariamente tienen que ser amantes de la comida por montones. No es sólo porque representan lo saludable, sino porque están directamente ligados a la energía que se gastó antes de sentarse a comer. Es la representación física del esfuerzo.
Por supuesto, el interés por comer bien en la posguerra tiene sus fundamentos en la carencia. Es imposible no notar que todos los hijos de japoneses somos más altos que nuestros padres que no tenían nada para comer. También que todos comemos una bocha.
De todos modos, condice también con la idea de apoyar el esfuerzo con calorías en la mesa. La idea misma está planteada no sólo en Oriente, Popeye El Marino también señala que comer es fuerza.
Esta idea está especialmente marcada en el contexto social que desencadenó en la explosión económica de Japón.
Hablando con algunas personas que atendieron en restaurantes japoneses tanto en Argentina como en Japón, todos llegan a la conclusión de que es muy fácil determinar la época que vivieron los clientes japoneses según el estado en el que dejan sus platos.
— Los viejitos no te dejan ni un grano en el plato, ni uno solo — me cuenta una profesora de japonés que atendió varios años un restaurante en Tokyo.
Se ve que entonces el placer de comer se solapa con el placer de tener fuerza.
Probablemente le debo mis hábitos alimenticios no sólo a mis viejos sino también a Dragon Ball, lo cual es algo raro de decir.
Un viaje al Oeste y la comunidad
Uno no se puede superar si no lo hace en el ejercicio de lo correcto. Y uno no se puede superar si no come bien. Hasta el día de hoy no sé si aprendí eso de Gokú o si lo aprendí de mis viejos, que también es muy raro de decir, pero tiene que ver con las nociones en las que ambos se inscriben.
Empecemos por lo obvio, Akira Toriyama, creador de Dragon Ball y Dragon Ball Z tiene la misma edad que mis padres.
Dragon Ball está basado en una historia china llamada Un Viaje al Oeste que es de tal magnitud para Oriente como lo es La Odisea para Occidente.
En la historia, y paralelamente en Dragon Ball, los viajeros se acercan a su objetivo cada vez que deciden desviarse de su camino para poder ayudar a quienes lo necesitan. Así dejan la enseñanza de que ignorar lo que es correcto en pos de lograr un objetivo sólo te aleja del propósito verdadero de cumplir ese mismo objetivo.
Algo que se aleja bastante de la idea de que el fin justifica los medios.
De hecho, el fin es solamente una excusa para los medios; en Un Viaje al Oeste los pergaminos que van a buscar resultan estar vacíos — en Kung Fu Panda hacen una referencia a esto — porque el camino es la enseñanza. En Dragon Ball cuando están por pedir el deseo a Shen Long, Oolong pide la mejor tanga del universo, banalizando el fin y resaltando lo obtenido en el camino.
También se suscribe a la idea de que la fama no es representativa del verdadero poder a.k.a. Mr. Satán, la idea de que la repetición es la clave de explotar el verdadero potencial, y que el valor de las acciones se pierden en la auto-indulgencia.
Dragon ball, dentro del género nekketsu, no es el máximo ejemplo de poder de la amistad. Los personajes consiguen su poder con sudor y lágrimas al punto en el que sus victorias eran un triunfo inmenso que podía sentir cada niño. Aún así, una de las cosas que desarrolló la serie es el poder de la transformación por el otro.
No hay autoayuda, no hay individualistas
“Si no te amás, ¿cómo vas a amar a los demás?” es una frase ridícula para la serie. Amar a los demás es mejorar, es crecer para amar mejor. Es proteger. Uno no comienza amándose para crecer y amar.
El momento cúlmine de todas las pasiones, las transformaciones personales y físicas de cada uno de los personajes estaba atravesado por el amor por el prójimo, el deseo de proteger.
A veces voy a reuniones del pueblo de mi viejo. Cada vez que los encuentro charlando sé que se conocen “del barco” porque luego de la posguerra los barcos que emigraban trasladaban pueblos casi enteros.
Mi papá emigró con sus amigos, creció con ellos y nunca se soltaron la mano. Durante la crisis del 2001 se ayudaron entre todos y entre amigos tienen fondos comunes con acuerdo de palabra. Todos los meses dejan plata y cada vez que uno quiere realizar un proyecto lo habla con todos y se retira la guita. Al año siguiente le toco a otro y así se van bancando.
La fortaleza, para Dragon Ball y el shonen en general, es una cualidad que necesita de terceros. El verdaderamente fuerte es el que puede cuidar, es el que puede proteger. No es el que gana la batalla, es el que cumple con el propósito de ayudar.
Esta referencia quizá no es tan clara entre los más poderosos, pero sí entre los personajes más débiles.
Los personajes, todos destrozados y heridos jamás tienen muertes indignas ni se sienten ridículas (salvo Yamcha, del cual hablaremos en otro momento) porque son personajes con posibilidades casi nulas de ganar enfrentándose a semidioses invencibles con tal de proteger al mundo.
Aquí tenemos una idea que supera totalmente las nociones del amor propio en los términos marketineros modernos de autoconservación de la vida por encima de todo: hay cosas más importantes que la vida.
El amor por los demás libera tu verdadero potencial.
Tampoco la pavada
En la saga de Cell, Gokú está tan convencido del potencial de su hijo Gohan que falla en notar que su cosmovisión es totalmente diferente a la de su hijo. Así perjudica a todo el mundo. Literalmente.
Hay gente que compara a Gokú con Jesús. Sí, hay paralelismos señalables y hasta está la iglesia de Gokuismo que tiene muchos adeptos en México y España; pero la realidad es que la pureza y simpleza de Gokú como manchild que es incapaz de sentimientos más complejos resulta problemática en la vida real. Lo cual también es comparable a nuestros padres japoneses y su entendimiento de lo correcto.
La capacidad de simplificar es uno de los factores culturales que resultaron clave en la superación personal de los inmigrantes japoneses, pero también trae muchísimos conflictos interpersonales para la mirada comúnmente más compleja del occidental promedio.
Basándome en experiencias personales, la relación puede verse paradójica. La simpleza y tranquilidad en el manejo de las cosas, sumado a una cultura de trabajo muy marcada, convierten a los inmigrantes japoneses en una “minoría modelo” que aleja algunos preconceptos peyorativos pero atrae un distanciamiento difícil de concebir. No se trata de hasta qué nivel de profundidad se puede dar una relación con una competencia cultural tan diferente; sino más bien se trata de las diferencias que hay y cómo a veces la empatía se dificulta en algunos aspectos.
Temás como drogas, sexualidad, o relaciones afectivas, que ya de por sí son temáticas delicadas, se vuelven abordajes aún más complicados para descendientes de japoneses que estamos empapados de una argentinidad que a veces contradice nociones fundamentales para nuestros padres o abuelos.
Las ideas de que lo correcto debe ser lo normal y lo malo debe ser remarcado pueden generar en un niño criado en Occidente un problema grave de autoestima; donde el éxito nunca es felicitado en un mundo donde el ego ocupa un rol más grande que en Oriente.
Podría argumentarse que la cultura de excesivo trabajo que nace de la posguerra y encamina a Japón a su explosión económica es un comportamiento auto destructivo. Aunque genera admiración en el resto del mundo, yo lo veo más como un comportamiento propio de gente que tiene estrés postraumático después de dos bombas nucleares.
Es uno de los países con mayor cantidad de muerte súbita debida al exceso de trabajo y el gobierno tiene que tomar medidas para que la toma de horas extra no sea desmedida y no descienda el consumo interno.
Tenemos una tintorería. Recuerdo que cuando era chico pensaba que mi papá no dormía porque cuando me despertaba él estaba trabajando y cuando me iba a dormir él seguía trabajando. Me imagino a Gokú muriendo de muerte súbita por exceso de entrenamiento.
Popularidad
Es innegable la creciente popularidad que Asia está ganando con el pasar de los años. Desde el paso a mainstream del anime y manga, al K-pop y triunfo de BTS en América es imposible no señalar los aspectos más profundos que también estuvieron ganando terreno. Quizá relacionado al porqué de la popularidad que ahora tiene el Jediismo y el Gokuismo, hay un creciente interés por las diferentes religiones y filosofías orientales.
Supongo que la búsqueda de ideas que están por fuera del sistema de creencias en el que uno fue criado es demostración suficiente de la caída que están teniendo todas las estructuras en nuestra generación, o por lo menos que su mirada es incompleta.
Nostalgia
Dragon Ball quizá fue de los pioneros en la cultura popular en sugerir una fusión entre los hemisferios; establecer una serie de pilares en donde un oriental pueda sentirse tan identificado como un occidental. Dragon Ball tiene influencias en Blade Runner, la farándula de Hollywood y las películas de los 90'. Literalmente está en el nombre de su principal influencia: Un Viaje al Oeste. Y encarna también el camino que recorrieron mis padres para poder vivir su vida en Argentina, un viaje al oeste.
Entiendo perfectamente que muchos de los elementos que tanto nos llaman la atención — y que acabo de remarcar — son producto de la casualidad y de la forma de pensar del creador.
Por eso mismo me es inevitable sentir tanta nostalgia cuando veo la serie. Es ver a mis padres siendo representados. También es el viaje interior que tuve que recorrer como oriental nacido en occidente.
Posiblemente es el camino que estamos transitando todos nosotros en un mundo globalizado cada vez más complejo y falto de la simpleza que evita ver las cosas como miseria.