El terror japonés, Hiroshima y la cultura.
El terror, bien logrado, no sólo nos asusta. También nos cuenta sobre la sociedad que lo crea.
Probablemente, la gente aficionada a las películas de terror va a hablar del cine japonés como uno de los que más miedo da. Sin embargo, muchas personas lo consideran un cine absurdo y sin respuestas, carente de shock value.
Jumpscares
Todos jugamos al juego del laberinto o nos han enviado por mail un video en el que salta una cara horrible. Eso es un screamer o jumpscare. En lo personal, creo que una película que da miedo porque algo te salta en la cara es el equivalente a un comediante que se baja del escenario a hacerte cosquillas. Sí, técnicamente te reíste. Las películas que basan su miedo en el screamer son más bien una película de susto que una de terror.
Y, si bien un jumpscare bien colocado puede tener mucho valor, el cine japonés está caracterizado por otros elementos que están entrelazados con su cultura y su historia.
Un relato propio.
Cuando estaba en séptimo grado, solía estudiar frecuentemente en el living de mi casa para los exámenes de ingreso de la secundaria. Mis padres habían salido por un compromiso e iba a estar solo hasta la madrugada. La tele estaba apagada y solamente se escuchaba el segundero del reloj de la cocina.
Me encontraba bastante estresado por los exámenes así que ni me percaté de que toda la situación se veía considerablemente tenebrosa hasta que escuché el ruido. La canilla de la cocina empezó correr agua sola. Me pareció extraño, pero pensé que seguramente había alguna explicación científica para la situación y quería seguir estudiando. Cerré con fuerza el grifo y volví al living.
Se abrió sola de nuevo.
Esta vez corría mucha agua y el grifo estaba totalmente abierto. Les estaría mintiendo si les digo que no quise salir de la casa así como estaba. Pálido, me alejé de la canilla y noté algo en el kamidana que casi siempre hay en las cocinas japonesas.
Un kamidana es un altar pequeño en donde se suelen dejar ofrendas. Particularmente, cuando está en la cocina, suele tener que ver con la abundancia y demás cosas relacionadas al hogar.
Una de las ofrendas que suelen haber en los altares es agua, entre otras cosas. Noté que el agua del kamidana se había evaporado con los días. Miré la canilla, puse un poco de agua en la porcelana e hice una pequeña reverencia. La canilla no se volvió a abrir.
Cuando llegaron mis papás, los saludé nervioso y exaltado por lo que acababa de pasar. Les conté taxativamente todo con detalles y con cara de cansancio me contestaron desinteresadamente: — Ah, seguro tenía sed.
Y se fueron a dormir. Como si nada. Les conté que básicamente hay un fantasma en la cocina y se fueron a dormir.
¿Quién o qué tenía sed?
Grabado en la cultura desde el comienzo
Para poder entender lo que significa el terror para Japón, es importante entender cómo se vive lo inmaterial, es decir, la espiritualidad y la religión.
Sin la necesidad de mencionar la reciente incorporación del cristianismo en la ecuación, Japón tiene dos religiones principales de las cuales podemos discutir.
Por un lado tenemos el budismo que, a grandes rasgos, cree en la reencarnación y la vida como una mera ilusión. Y por el otro lado, tenemos el Shintoísmo que reverencia a los ancestros y dioses varios cuya categoría de “dios” es discutible en tanto se puede pensar más bien en un poder que fluye y fluctúa entre la naturaleza y las manifestaciones de entes concretos.
El diálogo que mantienen estos sistemas de creencias resulta intrigante en tanto ninguna rechaza la otra. Ambas coinciden en su carencia de nociones absolutas del bien y del mal; y tampoco requieren de una devoción y entrega total como la que exigen las religiones judeocristianas. Por este motivo, una gran parte de la población japonesa — por no decir casi toda— practica ambas religiones al mismo tiempo. Es común tener casamientos shinto y funerales budistas, por ejemplo.
Esta flexibilidad deja los espacios necesarios para que haya un amplio abanico de leyendas que se filtran en el imaginario colectivo de diferentes maneras.
A su vez, la tensión resultante de las contradicciones propias de un sistema de creencias amalgamado contribuye a conformar una sociedad que acepta la vida como algo más allá del entendimiento humano. La sensación de habitar lo desconocido no es ajena.
Lovecraft y el terror cósmico.
H.P. Lovecraft estaba obsesionado con un tipo de terror en particular. Estaba basado en que los asuntos de los humanos, como el bien y el mal, son insignificantes para el universo. Esta clase de incapacidad de comprender “aquello más allá” es la que nos deja solos en la oscuridad y resuena particularmente con la manera en la que funciona el terror japonés.
Lovecraft mismo diría:
La emoción más antigua y poderosa de la humanidad es el miedo.
Y el miedo más antiguo y poderoso de la humanidad es a lo desconocido.
Por ello siempre presenta personajes alienígenas tan inconmensurables que podrían llevarnos a la locura por destrozar nuestra percepción. De esta manera, juega con la idea de que hay conceptos tan avanzados, tan masivos para la psiquis humana que su mero descubrimiento destrozaría nuestro entendimiento de la realidad.
Junji Ito
Uno de los expertos en crear una narrativa con incógnitas es el mangaka Junji Ito, conocido por trabajos como Gyo y Uzumaki.
Ito, en sus creaciones, trabaja con una estructura que no está basada en la organización de una historia, sino más bien trabaja con la presentación de la información. Es decir, por lo general uno tiene una introducción, un nudo y un desenlace; pero en el caso de Ito uno obtiene una introducción inofensiva de la información, una profundización de esta información y finalmente el último detalle que resignifica la información previamente dada para desestabilizar nuestro entendimiento. La sensación final es que nos han robado la información que creíamos ya tener asegurada y nos han dejado más preguntas que al comienzo.
Esta característica es particularmente aterradora en tanto la información introducida por lo general es de índole cotidiana. Los objetos que más tarde nos irán a traicionar son aquellos con los que convivimos día a día y por ende son mucho más invasores en nuestra mente que — digamos — un asesino con una motosierra.
La guerra nuclear es terror cósmico
Probablemente no hay indicador más grande de cómo las diferentes culturas interpretan sucesos que a través de sus relatos. En Estados Unidos la radiación te convierte en superhéroe, en Japón crea a Godzilla.
Opino que este suceso histórico marca y refuerza conceptos que se venían gestando de antemano para poder aggiornar cierto territorio del terror.
La obliteración instantánea en un destello blanco es la aproximación más tangible que tuvimos hasta ahora del terror cósmico en primera mano. Japón fue, literalmente, la víctima que detuvo la idea positivista del progreso indefinido del hombre. Evidentemente, encontramos una fuerza más allá de nuestra propia capacidad de dimensionar lo terrible.
Esta nueva amenaza tocó una fibra sensible en la sociedad japonesa, no sólo por sus consecuencias concretas, sino también por su naturaleza enigmática. La radiación pareciera un peligro que casualmente se alinea demasiado bien a los conceptos del miedo que ya había en Japón. Sus consecuencias, si bien absolutas, pareciera que escapan a una razón ordenada. Es diferente a un fuego que quema, en donde el peligro y los motivos son obvios. Ataca a los genes y se manifiesta de manera azarosa en tanto las malformaciones nunca son idénticas entre sí. Un horror inefable que combina el miedo con el asombro, como un venado frente a las luces de un auto.
Además, su variedad de horrores parece estar más cerca a la humedad que a la sequedad occidental. El pelo caído y húmedo, el pus y las deformidades asimétricas son elementos que ya estaban presentes en el terror folclórico y ahora venían a renovarse con la más avanzada tecnología del momento.
Es el viejo terror en un nuevo paquete moderno.
La irrupción de lo cotidiano
Si bien es justo que las leyendas de fantasmas se remontan a muchos siglos atrás; en Occidente se suele atar la idea de lo paranormal con fantasmas viejos que vienen del pasado para acecharnos en los recovecos todavía antiguos de nuestras mansiones sin renovar. Es decir, “la mansión embrujada”. Para nosotros los fantasmas pertenecen al pasado y la modernidad es un refugio.
Los espíritus suelen habitar lugares secos, polvorientos y viejos que nos dan la sensación de que no pueden haber fantasmas en un departamento nuevo decorado con arquitectura moderna, leds y porcelanato.
En el caso de Japón, la representación de lo paranormal suele estar más ligado a la humedad, y retomando un poco mi artículo anterior sobre Magical Girls, el fantasma suele ser femenino. Aparentemente, recorren un camino paralelo. Y si a lo kawaii corresponde una chica mágica entonces para lo terrorífico corresponde una chica muerta mojada.
El terror se inyecta en cada vértebra a tal punto que hasta puede aparecer en el ámbito de la publicidad. Uno de los casos más interesantes fue cuando lanzaron una campaña de McDonald’s en la que Ronald McDonald daba miedo.
Casos contrarios
Ahora que hablamos sobre el terror infiltrándose en la cultura, también podemos preguntarnos ¿Qué pasa cuando es la cultura la que se mete en el terror? Tenemos el caso de Kuchisake Onna.
Kuchisake Onna es uno de los fantasmas más conocidos de las leyendas urbanas japonesas. Se trata de una mujer asesinada por su aspecto físico que busca vengarse de los hombres a partir de una pregunta capciosa.
Se acerca a sus víctimas de manera seductora con un barbijo puesto, preguntando si es atractiva. De esta manera, si el hombre pide que se saque el barbijo, le muestra su cara cortada y luego lo asesina. En el caso de que el hombre responda directamente que sí, se saca el barbijo y vuelve a preguntar — ¿Y ahora? — para luego asesinarlo. En el caso de que el hombre diga directamente que no, lo asesina en el acto.
Entonces, ¿Cómo podríamos salvarnos de Kuchisake Onna? Haciendo lo mismo que cualquier japonés haría para evitar una situación incómoda de la calle.
— Disculpe, en este momento me encuentro muy apurado, debo ir a trabajar.
Hay testimonios — de diversos blogs de lo paranormal — en los que el fantasma incluso se disculpa con una reverencia y te permite irte sin preguntas.
Es evidente entonces que, si bien las historias de terror no tienen explicación, sí tienen reglas. Los fantasmas y monstruos no tienen motivos o no tienen una historia que los desarma, sino que tienen una serie de elementos y limitaciones que los definen en su naturaleza.
Esta clase de visión se remonta a las leyendas más antiguas de Japón y está fuertemente grabado en una sociedad que si bien acepta las ambigüedades de la vida, también está fuertemente cimentada en reglas y códigos inquebrantables.
La llamada y El Grito
No hay dos casos más paradigmáticos para poder demostrar que nadie está a salvo de las chicas muertas mojadas en un paquete moderno que en el caso de Ringu y Juon.
Ringu (La Llamada), dirigida por Hideo Nakata en 1998, fue la película que abrió la canilla de todo el horror japonés en Occidente, con su readaptación al cine estadounidense en el 2002 — para los enemigos del subtítulo — generó un gran impacto que continúa hasta el día de hoy. Posterior al éxito internacional, le siguió Juon (El grito) dirigida por Takashi Shimizu en el 2003 con resultados similares.
Ambas películas nos presentan a los clásicos fantasmas femeninos húmedos u Onryo típicas del terror folclórico Kaidan japonés pero en una versión reversionada para que la actualidad no pueda ser un refugio del miedo.
Todos los elementos anteriormente mencionados se condensan para que el miedo escale por un lado mucho más psicológico y perturbador — aunque las versiones hollywoodenses no pudieron evitar poner sus jumpscares y música — irrumpiendo en una cotidianidad que hasta antes no había sido molestada.
Ahora la tele, la ducha, la frazada, todo te puede traicionar. La versión japonesa también es mucho más silenciosa y pausada en sus tiempos para remitir al silencio ocasional en nuestros hogares.
Las leyendas folclóricas evolucionaron en leyendas urbanas que nunca se quedan en el tiempo — excepto que ya no usamos VHS — y parece ser que entonces ya no hay refugio para el miedo. A esto podemos agregarle una cierta incomodidad que condimenta el miedo de una manera muy peculiar de la mano de un concepto que la modernidad y la tecnología de punta han logrado poner en palabras.
El Uncanny Valley o valle inquietante es una hipótesis en el campo de la robótica y animación por computadora en 3D que afirma que cuando las réplicas antropomórficas se acercan en exceso a la apariencia y comportamiento de un ser humano real, causan una respuesta de rechazo entre los observadores humanos. Por supuesto, el término fue acuñado por un científico japonés que pudo enunciar la incomodidad y teorizarla. Por eso los personajes animados cuando los hacen con CGI dejan de ser tiernos.
El Uncanny Valley es aplicable no sólo al campo de la robótica sino a cualquier ámbito donde hay detalles que desencadenan en el cerebro una mínima sospecha de que estamos ante algo no humano.
Las películas japonesas para poder generar esta incomodidad suelen grabar las escenas al revés y luego la ponen en reversa para que haya mínimos detalles que sólo el cerebro logra captar inconscientemente. Resultan verdaderamente perturbadoras.
De todas formas, este concepto también está presente en el cine occidental desde hace tiempo. Es visible en escenas como la caminata de espaldas en El Exorcista (1974).
Conclusión
Parece ser que si bien hay un rasgo cultural innegable en la historia del porqué del terror japonés, no podemos ignorar el hecho de que estamos cada día en un mundo más globalizado.
Por eso, es positivo ver la influencia que tiene el cine de terror japonés a la hora de generar material y mejorar los conceptos del terror que se hacen en Occidente y viceversa.
Tal vez, entendiendo mejor aquello a lo que tememos, podamos tener un mejor entendimiento de nosotros mismos.
Hay imágenes que se quedarán por siempre en la cultura popular y serán tomadas por los siguientes creadores para así ir yendo cada vez más hacia un terror que trascienda naciones. Un terror de lo humano.
(Se pronuncia Hiroshima con la H como J)